Wajxaqib’ Bat´z

Cerca de la ciudad capital, en lo alto de la cadena montañosa conocida como Cerro Alux (Cerro del Duende), nos reunimos para celebrar el Wajxaqib’ Bat’z. Dentro del calendario ceremonial Chol’kij o Tzol’kin, el Nawal Bat’z representa el hilo del tiempo, el principio y el fin de cada ciclo de evolución de la tierra y el ser humano.
Wajxaqib’ corresponde al numero ocho de las trece energías cósmicas llamadas Oxlajuj Tiku, la cual tiene como virtud la armonía y la integración.

Así, esta ceremonia está enfocada a que cada uno encuentre la armonía para el NUEVO TIEMPO.

   
Dirigida por tres Sacerdotes del Fuego Sagrado (Aj’kijs)

La ceremonia se inició dibujando con azúcar el glifo del Bat`z para dar lugar a la colocación ordenada del copal, el estoraque, la panela, el chocolate y todas las esencias, velas e inciensos.
Al prender la llama, iniciamos con una oración hacia el Corazón del Cielo (Hun’ab Ku) y el Corazón de la Tierra (Tolán Ku) formando un pilar de luz entre los tres reinos: mundo, supramundo e intramundo.
Luego se hizo una invocación hacia los cuatro puntos cardinales: hacia el Este a los Nawales de la tribu del fuego, hacia el Oeste a los Nawales de la tribu de la tierra, hacia el Norte a los Nawales de la tribu del aire y hacia el Sur a los Nawales de la tribu del agua.
Luego formamos dos círculos concéntricos alrededor del fuego, que iniciaron a girar contrarotatoriamente. Uno de ellos dando 20 vueltas y el otro 13. Los Sacerdotes permanecimos en el centro. En la medida que los círculos humanos giraban, el poder del Itzamna se manifestó, iniciando una doble espiral en el fuego y levantándolo hacia el cielo.
El portal se había abierto, para que cada uno, en ofrenda y oración, expresara al cielo y a la tierra sus anhelos más profundos.

   
Después de esto, iniciamos la consagración de las velas de prosperidad, las cuales colocadas en el altar, entre flores, maíz y cacao, fueron bañadas por la luz dorada del Ahau.

   
Cada uno recibió su vela con la mano izquierda, y con un sentimiento de gratitud ofrendó al fuego, maíz, canela y ajonjolí. Dando como resultado una lluvia de palomitas de maíz, que saltaron por todo el Altar.

Entre ese sentimiento de gozo y gratitud levantamos las velas al cielo, pidiendo que aquella luz se extendiera al mundo.

Al terminar la ceremonia, convivimos disfrutando de un delicioso almuerzo típico.

Por:
Christian Nottbohm
Culturasolar@gmail.com
www.culturasolar.org
Red de Luz Guatemala



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